Una sonrisa que no desea
salir,
Una mirada complicada que se quedó grabada en mi,
Un reto al tiempo de
espera,
Una confusión, un fracaso,
Un abrazo que en justicia siempre me
perteneció,
Una mirada complice, un beso jamás olvidado,
Una vez en que la
verdad amó el error,
Una princesa sin título, una pesadilla repetida,
Un “hola”
que sólo pasó, una caricia que se asoma,
Un te quiero dudoso, un susurro en mi
oído,
Un “no te vayas, te lo pido”,
Un no me olvides,
Unos días de lluvia, unos
días alegres, unos días sin pulso,
Una creencia, un principio y un final,
Un te
odio doloroso,
Unas lágrimas de amistad, compasión, lamento,
Un “lo siento”
descubierto, un perdón a medias,
Unas noches de confesion, una tristeza honda
como todas las penas,
Un renacer poco efectivo, una imagen, un olor, un sonido.
Todas estas cosas y más nos traen una vivencia que sigue viva, latiendo. Va más
allá de que uno quiera o no, esos recuerdos vuelven sin permiso, sin ser
llamados. Casi todos los días tenemos esas imágenes, esos olores, esos sonidos, esos recuerdos que nos transportan al pasado, pero los ignoramos. Pero pasado
no es pasado, es tiempo perdido que quiere ser recobrado y no olvidado.